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5.9.13

Aquellos momentos donde el cinismo se va a la mierda y me acuerdo de que te quise

Y como si fuera ayer que (no) nos dijimos adiós, hoy por primera vez tenía ganas de escribir sobre vos. Escribir finalmente sobre la hoja las palabras que me quedaron pendientes y que no puedo decirte, porque me sentiría demasiado vulnerable después de tantos años, después de tantas risas escuchadas, después de haber visto tantas lagrimas y después de haber conocido tantos cuerpos nuevos.

¿Por qué te escribo hoy y no hace 3 años? Porque comienzan a apagarse los recuerdos. Hoy confundo tu sonrisa, tu personalidad, tus miradas y tu voz con las de otra persona. A tal punto, en que no puedo distinguir hasta dónde mi percepción de vos se trata definitivamente de lo que sos "vos", o está mezclada con mi percepción sobre otra persona. Me encuentro en un lugar, donde la mente engaña, y "vos" y "el otro" se fusionan, creando un ente supremo e irresistible. No dejo de cuestionarme: ¿En qué momento distorsioné tus rasgos en mi memoria? ¿En qué momento uno ya no puede distinguir entre un "antiguo ser amado" y uno "nuevo no amado"? ¿Por qué las anécdotas de hoy, me recuerdan tanto a nuestras anécdotas de ayer?

Y en este punto, Milan Kundera me ha ayudado mucho, ya que él (a través de una pseudo-ficción que escribió), me cacheteó la cara, y me mostró el paralelismo entre "mi hoy" y "mi ayer", y cómo todas las decisiones que tomo en la cotidianidad, tienen como finalidad (inconscientemente), acercarme un poco más a lo que fue, al pasado, y por sobre todas las cosas, a vos.  
http://eseescepticismo.blogspot.com.ar/2013/09/hasta-entonces-el-tiempo-se-le-habia.html   Y después de todo... no me voy a enamorar del "otro que me recuerda a vos" porque es una versión transgiversada de vos y, ¿para qué enamorarme de una copia distorsionada si ya "me pegué un palo" con el modelo original? 

Fuiste el único en hacerme llorar; el único capaz de hacerme reír en cualquier circunstancia; el único que me martilló el estómago a mariposas cada vez que me daba un beso; él único que conoció todas mis personalidades, todos mis personajes y finalmente, lo que verdaderamente soy; él único que me enseñó a jugármela por lo que siento; él único que me enseñó a crecer.  

En el fondo lo admito, se que te debo cada uno de mis versos, cada metáfora utilizada, cada mirada inocente y cada juego jugado. Pero ya no sos más que un recuerdo borroso que busca sobrevivir. Una infección que quiere vencer a todo antibiótico que consuma para eliminarla.

Hace años que invento hipótesis para explicar por qué lo nuestro no funcionó. Las más frecuentes eran: "se terminó porque no buscábamos lo mismo", "se terminó porque yo no quería darte lo que vos querías", pero si tengo que ser sincera conmigo misma, debería admitir que no se si alguna vez quisiste que yo sea la que te de lo que vos querías, no se si pensaste en mí en esos términos, y, no se si buscaste mi amor, como yo buscaba el tuyo. Y es esta sinceridad incipiente la que me conduce a querer saber la verdad, aunque "sea tarde", aunque de "mi amor" hacia vos, no quedan más que estas palabras. Preciso saber qué sentías por mí, y que me cuentes tus recuerdos sobre nosotros dos, para poder reconstruir juntos los pedazos de nuestra historia, bañándolos de honestidad y sepultándolos de una vez por todas. 

"Hasta entonces el tiempo se le había revelado como un presente que avanza y se traga el porvenir; lo temía cuando avanzaba veloz (si esperaba algo malo) o se sublevaba cuando se hacía lento (si esperaba algo bueno). Pero ahora el tiempo se le revela de un modo muy distinto; ya no se trata del presente victorioso que se apodera del porvenir; se trata del presente vencido, cautivo, que el pasado se lleva. Ve a un chico que se aleja de su vida y se va, inaccesible ya para siempre. Hipnotizada, sólo puede mirar ese pedazo de vida que se aleja, resignada a mirarlo y sufrir. Experimenta una sensación, del todo nueva, que se llama añoranza. 
Esta sensación, este deseo invencible de regresar, le descubre de golpe la existencia del pasado, el poder del pasado, de su pasado; en la casa de su vida han aparecido ventanas, ventanas abiertas hacia atrás, a lo que ha vivido; ya no podrá concebir su existencia sin esas ventanas.
Un buen día, con su nuevo amor (platónico, por supuesto), se encamina por un sendero del bosque cercano a la ciudad; por ese mismo sendero había paseado unos meses antes con su amor precedente (aquel que, tras la ruptura, había despertado en ella su primera añoranza) y esa coincidencia la emociona. Deliberadamente, se dirige hacia una pequeña capilla en ruinas en el cruce de dos caminos forestales, porque fue allí donde su primer amor quiso besarla. Una irreprimible tentación la incita a revivir el pasado amor. Desea que las dos historias de amor se crucen, confraternicen, se mezclen, se mimen mutuamente y crezcan, fundidas ya. 
Cuando el amor de entonces, en ese lugar, intentó detenerse para abrazarla, ella, feliz y turbada, había acelerado el paso y se lo había impedido. ¿Qué ocurrirá esta vez? Su actual amor disminuye la marcha, ¡él también se dispone a abrazarla! Deslumbrada por la repetición (por la magia de esta repetición), obedece al imperativo de la semejanza y acelera el paso tirándole de la mano.
Desde entonces se deja seducir por este tipo de afinidades, por esos contactos furtivos entre el presente y el pasado, busca esos ecos, esas correspondencias, esas corresonancias que le permiten sentir la distancia entre lo que fue y lo que es, la dimensión temporal (tan nueva, tan sorprendente) de su vida; tiene la impresión de salir así de la adolescencia, de madurar, de ser adulta, y eso significa para ella convertirse en alguien con conocimiento del tiempo, alquien que ha dejado atrás un fragmento de vida y es capaz de volver la vista para contemplarlo.
Un día ve a su nuevo amor correr hacia ella con una chaqueta azul y recuerda que también le gustaba que su primer amor llevara una chaqueta azul. Otro día, mirándola a los ojos, él le dice, empleando una metáfora muy insólita, que son muy bonitos; ella se queda fascinada porque su primer amor le había dicho sobre sus ojos, palabra por palabra, la misma insólita frase. Tales coincidencias la maravillan. Nunca se siente tan cautivada como cuando la añoranza de su pasado amor se confunde con las sorpresas de su nuevo amor. La intrusión del amor de entonces en la historia que está viviendo no representa para ella una secreta infidelidad, sino que acrecienta aún más su afecto por el que camina en aquel momento a su lado. 
Ya mayor, verá en esas semejanzas una lamentable uniformidad de individuos (que, para besarla, se detienen todos en los mismos lugares, comparten los mismos gustos en el vestir, piropean a una mujer con la misma metáfora) y una agotadora monotonía de acontecimientos (que no son más que la repetición del mismo); pero, en la adolescencia, acoge estas coincidencias como un milagro y se siente ávida de descifrar sus significados. El hecho de que su amor de hoy se parezca extrañamente al de entonces lo hace aún más excepcional, más original, y le incita a creer que está misteriosamente predestinada a él."
Milan Kundera - "La Ignorancia"

4.8.13

Horacio anda diciendo...

La joroba está en que la naturalidad y la realidad se vuelven, no se sabe por qué, enemigas, hay una hora en que lo natural suena espantosamente a falso, en que la realidad de los veinte años se codea con la realidad de los cuarenta y en cada codo hay una gillete tajeándonos el saco. Descubro nuevos mundos simultáneos y ajenos, cada vez sospecho más que estar de acuerdo es la peor de las ilusiones. ¿Por qué esta sed de ubicuidad, por qué esta lucha contra el tiempo?

Julio Cortazar - Rayuela

26.3.13

No soy buena para las despedidas. Siempre me despido antes, y cuando hay que despedirse de verdad, nunca me doy cuenta de que es el momento de decir adiós.
Es como el que aplaude a destiempo.