5.3.13

La plaza

Hace unos años me sentaba a observar en plazas del barrio a la gente. Desde chica las plazas me han llamado la atención de varias maneras. Sus personajes siempre me han atrapado y perdido durante horas.


Los niños
Es la población más importante. Constituyen aquellos que pasan horas tirándose del tobogán, hamacándose, rogándole a sus padres por que les compren otra vuelta en la calesita. En particular, esta última es un fenómeno del que fui parte alguna vez en tiempos lejanos. Donde atrapar la sortija, es la mayor aspiración. Incluso llegando a abstenerse de subirse a los mejores asientos: los automóviles, las carrozas, los aviones. Siempre subiendo al caballo que les promete una mayor oportunidad de alcanzar "otro viaje gratis", en el cual, una vez ganado, se volverá a subir en el caballo para tomar la sortija. El señor de la calesita, se convierte en un monstruo que desafía y que aleja la sortija quitando esa posibilidad deseada. Es la vida misma. Uno vuelve a subir al caballo aunque sabe que habrá dificultades para seguir un par de minutos más en el juego.

Los ya no tan niños
Dependiendo de la edad, cambian los intereses. Una vez que "ya son muy grandes" para subirse a la calesita y luchar por conseguir la sortija, muestran su orgullo al subirse a la bicicleta de dos ruedas, dejando atrás las "infantiles" rueditas. Luego, en otro acto desesperado por mostrar su crecimiento, asisten a encuentros con amigos, sin la necesidad de acompañamiento por parte de un adulto. En la libertad del juego grupal, empiezan a forjar sus personalidades. El lider, el callado, el que siempre se pelea, el intrépido y el temoroso. Son algunos de los personajes más visibles entre los pertenecientes a este grupo.

Los jóvenes
Si antes la plaza significaba un espacio lúdico, hoy la plaza significa para ellos, el lugar al aire libre para desarrollar tareas de todo tipo involucradas al esparcimiento y al uso de sustancias lícitas e ilícitas que combinan con el ambiente floreado y arbolado del parque. Sea tomarse unos mates, hacer malabares, tocar instrumentos, ir a besarse con algún chico/chica del barrio, tomarse unas cervezas o fumarse un porro. Para escapar del ruido que ellos mismos producen en la ciudad, y sin las responsabilidades encima de sus frescas y jovenes cabezas de ideas nuevas a irreverentes, son los que más entienden el uso sano y debido de la naturaleza y el ambiente.

Los adultos
Dentro de este sector, hay varios subgrupos integrantes. El más reconocido es el de los padres, que acompañan a sus niños junto con amigos, vecinos o parejas, y que se dedican exclusivamente a observar que nada pueda ocurrirles a sus niños. Esto no siempre es así, pero este no es el lugar ni el momento para prejuzgar actitudes maternas o paternas. El segundo subgrupo, es el de los deportistas, que utilizan el espacio verde para correr, caminar, hacer tai chi, o cualquier otra clase de movimientos corporales que libere endorfinas. Por último, el tercer subgrupo, está constituido por los que en ningún momento de la experiencia verdística y parquística, olvidan el hecho de que el lunes trabajan y que la plaza, solo constituye un goce parcial y algo muy ajeno a sus muy estresadas vidas.

 Estimado susceptible lector: estas son simplemente estimaciones grupales generacionales. La sociedad nos tiende a dividir así. No implica que tu experiencia en las plazas y parques de la ciudad sean esto. Ni mucho más ni mucho menos.