30.7.13

¿mentira entretenida o verdad arrolladora?

Se trata de eso después de todo. De la verdad en su estado más puro. El oír cosas que duelen, pero que son verdaderas. No es más que lo que siempre exigí. No hace más que confirmar esos sentimientos de “algo no anda bien” que no se sustentan en la razón si no simplemente en la intuición, y en un cinismo con la vida que las personas entienden como “paranoia”. 

“La gente prefiere que le mientan”. Esa fue una premisa que entendí no hace mucho tiempo. Y me llevan a hacerme la pregunta de “mentira entretenida” o “verdad arrolladora”. La interrogante está planteada. La respuesta es mucho menos concreta. 

Cuando se trata de decir la verdad, por más “cruel” que suene, la mayoría de las personas son inexpertas, sobretodo con la tendencia moderna a la “empatía porque sí”, incluso con aquellos que no requieren ni merecen dicha compasión. En este momento, e incluso con la puntada que nos trae la verdad, no dejo de pensar que el mundo sería un lugar más sano, si siempre se tratara con la verdad, y dejáramos el engaño atrás. Incluso cuando pensáramos que el engaño haría sentir mejor al otro, no hacemos más que fomentar una red de mentiras que desde chicos nos hemos visto obligados a escuchar. 

Previamente he descripto al momento en el que uno oye “la verdad” como un momento “bizarro” evitando así  calificarlo positiva o negativamente. Hoy no lo enmarcaría como “bizarro”, sino más bien, como una situación que lastima y alivia al mismo tiempo. Lastima, porque ni las intuiciones más remotas te preparan para mirar la realidad. Alivian, porque nos reducen la ansiedad y nos dejan más conciente de todo lo que nos rodea. En ese punto, se torna evidente que al enfrentarse con la mirada del otro, nos enfrentamos con nuestra mirada propia. Significa darse cuenta de un montón de aspectos que desde nuestro alcance, no podemos visualizar. 

Si tan sólo siempre contáramos con esa porción de verdad, lograríamos alcanzar una perspectiva más amplia y entender realmente de qué se trata todo esto, qué juego estamos jugando y de qué se trata todo este embrollo cotidiano. Tan solo de esta forma, reduciríamos las incertidumbres, incluso aquellas que por las noches, nos mantienen en vela. Porque después de todo, la verdad duele momentáneamente, pero las mentiras, duelen para siempre.